MI OCTAVIO
Por Jesús Montorio Ferrández, 41 años
Más cerca de los treinta que de los veinte, como se ganan algunos partidos, por un rebote llegué a lo que hoy es desde hace algunos años mi mayor afición. Viniendo del fútbol, sin saber que aquí no hay fueras de juego y sin que mis manos hayan sentido nunca esa sensación del balón impregnado en resina, me fui introduciendo en este maravilloso deporte.

Tras dos años con el enemigo y por otro rebote clasificatorio, recalé en el que es el club deportivo más importante de mi vida, el OCTAVIO. Poco a poco, casi sin querer y a base de sumar minutos en mis retinas algo he aprendido, poco en lo técnico, más en lo sentimental, lo que significa ser aficionado al balonmano y, sobretodo ser del OCTAVIO.
Siguiendo con esta pequeña historia de un simple aficionado del OCTAVIO, tengo que decir que mi inclusión definitiva fue formar parte de la peña SEMPRE OCTAVIO y, pese a no ser un aficionado ruidoso, como siempre le digo al hincha número uno del OCTAVIO (algunos sabemos a quien me refiero), grito por dentro, río por dentro y también sufro por dentro.
Todo esto me ha permitido hacer buenos amigos, alguno de esos que se cuentan con los dedos de una mano, tanto dentro del mismo OCTAVIO, como de otros clubes de España y quién sabe si algún día de otros países. Mención muy especial a la gente de Pucela, Pontevedra, Cangas, Cuenca, Zaragoza, Pamplona, Ciudad Real, León…

En todos los lados es habitual oír aquello de somos una familia y no voy a ser quien lo ponga en duda, solamente puedo decir que aquí SI lo somos o al menos así lo siento. La cercanía con cada uno de los jugadores que ha vestido nuestra camiseta, el cuerpo técnico o el presi, hacen que ese sentimiento de identificarte con nuestros colores crezca con el paso de los años.
Tener claro quienes somos, de donde venimos y adonde vamos o queremos ir, es algo que tratan siempre de enseñarnos desde pequeñicos (permítaseme esta licencia, homenaje a mi lugar de procedencia). Partiendo de esa base y, obviamente sin renunciar a nada, ser del OCTAVIO, con sus alegrías (muchas, aquellas victorias frente al Barcelona, los ascensos, los viajes, los encuentros con otras aficiones), y sus penas (los descensos, las derrotas injustas, etc) puedo decir que es algo que, además de nacer con ello, también puede nacer en uno, como dije anteriormente bien pasados los veinte.
Esta es, a grandes rasgos, mi historia con el OCTAVIO, una historia que sé cuando empezó y también sé cuando acabará, ojalá dentro de muchos, muchísimos años. ¡¡FORZA OCTAVIO!!












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